Hoy, 1 de mayo, volvemos a las calles porque el aire que respiramos está cargado de amenazas. Nuestro lema es claro y no admite medias tintas: Contra el odio y la pobreza: ¡que sea justa la revolución!
No son palabras vacías. Son el grito de quienes vemos cómo, mientras nosotras doblamos el lomo, el mundo se rompe por las costuras del odio y la codicia.
La extrema derecha avanza con una mano en el algoritmo y otra en la fractura social. Su estrategia es clara: dividirnos para que no podamos señalarles.
Nos quieren hipnotizados con el ruido de las redes sociales, consumiendo odio en dosis de 15 segundos y perdiendo el tiempo en batallas culturales inventadas. Es la anestesia digital: mientras estamos ocupados odiando al vecino o discutiendo el último bulo viral, ellos ejecutan su agenda real. Sigue leyendo




















